A medida que los menores van creciendo y terminan sus estudios o se incorporan al mercado laboral, al obligado a prestar alimentos le puede parecer que ya no tiene deber de seguir pagando la pensión; esto no es así y, como consejo profesional, nunca oiréis a un abogado decir que deje de pagar esta pensión sin más. Se debe interponer una acción de modificación de medidas, recordemos que en caso contrario se estaría incumpliendo una obligación impuesta que puede conllevar consecuencias penales.

En caso de impago, el artículo 227 del Código Penal establece << 1. El que dejare de pagar durante dos meses consecutivos o cuatro meses no consecutivos cualquier tipo de prestación económica en favor de su cónyuge o sus hijos, establecida en convenio judicialmente aprobado o resolución judicial en los supuestos de separación legal, divorcio, declaración de nulidad del matrimonio, proceso de filiación, o proceso de alimentos a favor de sus hijos, Por el transcurso de cinco años prescriben las acciones para exigir el cumplimiento de las obligaciones siguientes: 1.ª La de pagar pensiones alimenticias.será castigado con la pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a 24 meses.>>, por lo que si no nos queremos ver en esta tesitura; o incluso en la de que nos reclamen 5 años de impago, situación que se puede dar conforme al artículo 1966 del Código Civil <Por el transcurso de cinco años prescriben las acciones para exigir el cumplimiento de las obligaciones siguientes: 1.ª La de pagar pensiones alimenticias.>; lo mejor será interponer esta acción y no correr riesgos.

Si bien hay que estar a las concretas circunstancias del caso para asegurar la viabilidad de esta acción existen una serie puntualizaciones que, si se cumplen, pueden ayudarnos a valorar la posibilidad de interponer la demanda de modificación.

Lo primero es definir el concepto de hijo económicamente dependiente, según el CGPJ, <Son hijos dependientes económicamente: – todos los menores de 16 años si al menos uno de los padres es miembro del hogar, – los que tienen 16 y más años pero menos de 25 y son económicamente inactivos, de nuevo si al menos uno de los padres es miembro del hogar. Es decir, se define como hijo dependiente a aquél que precisa económicamente de un apoyo bien por razones de edad, bien por razones laborales>.

Significa esto que si mi hijo tiene más de 25 años o trabajo, seguro que mi pretensión se estimará, pues no, no es tan sencillo; el estudio de la jurisprudencia en este caso manifiesta que, además de la importancia del juez que nos toque, es necesario valorar si todavía continua su proceso de formación o, en su caso, la calidad del trabajo que desempeñe, no se pueden valorar las circunstancias ajenos al panorama actual de precariedad laboral donde priman los contratos de carácter temporal (73,3% en los menores de 25 años). Eso sí en los que los alimentistas tengan empleo no debemos desanimarnos ya que el artículo 152 del C.C. establece como causa de cese de la obligación de prestar alimentos que <el alimentista pueda ejercer un oficio, profesión o industria, o haya adquirido un destino o mejorado de fortuna, de suerte que no le sea necesaria la pensión alimenticia para su subsistencia>.

“Entonces si mi hijo no hace nada, ¿tengo que pasarle la pensión sólo por ser menor de 25 años?”. Tampoco es el caso, conforme al artículo 152 del Código civil <Cesará también la obligación de dar alimentos: 5.º Cuando el alimentista sea descendiente del obligado a dar alimentos, y la necesidad de aquél provenga de mala conducta o de falta de aplicación al trabajo, mientras subsista esta causa>. Esta falta de aplicación en el trabajo es la que se aplica, por analogía, tanto a los alimentistas que no estudian como a los que no se aplican en los estudios, siempre valorando las situaciones personales de cada caso.

Y qué ocurre si no tengo dinero, si bien hay que acreditar este extremo suficientemente, también se prevé en el artículo 152 el cese de la obligación <cuando la fortuna del obligado a darlos se hubiere reducido hasta el punto de no poder satisfacerlos sin desatender sus propias necesidades y las de su familia>.

Por último, en casos extremos, cesa la obligación de prestar alimentos cuando el alimentista <hubiese cometido alguna falta de las que dan lugar a la desheredación> ( artículo 152.4 C.C.).

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